sábado, 28 de abril de 2007

Siento que me regalan los poemas


–¿Tienes algún vicio?–No tengo. Soy un poeta bien raro. Mira, no fumo, no bebo. Los niséi hemos nacido con una carencia de enzimas que no nos permite procesar bien el alcohol. ¿Mujeres? Tampoco. Soy discreto a nivel de mujeres.


–No digas. ¿Eres un ángel?–No, debo tener por allí algunos pecados, pero son tan inconfesables que no puedo decirlos (risas). Mi vida es normalaza.


–¿A qué tienes más miedo?–Al futuro. Alguien por allí escribió que soy un poeta muy afortunado. Pero no es cierto, no tengo fortuna, no tengo un trabajo seguro, no soy asegurado y ya se acerca la edad, la vejez. La segunda madurez, para ser más suave (risas). Y no tengo nada, como muchos poetas o cualquier peruano.


–¿En qué tentación no caíste?

–En hacer carrera administrativa dentro del Ministerio de Educación. Era jefe de unidad. Pero renuncié. No quise ser un burócrata, uno de los personajes de Ribeyro.


–¿Y renunciaste alguna vez al amor?

–No, al amor nunca. Nunca voy a renunciar tampoco. Es extraño en mí. Cada vez que avanzo en edad siento que retrocedo en la parte afectiva, me siento más joven.


–¿Te enamoras más?–Sí, de verdad, y no estoy bromeando, no es un juego de palabras. Cada vez que me pongo más viejo parece que regresiono en afectividad amorosa de 20, 18 años.


–Pero el cuerpo ya no es el mismo.

–No creas, todavía. Como Cienciano, sí se puede (risas).


–¿Cómo traes un poema al mundo?

–La primera versión sale fácil. Sale bajo ese estado que llaman inspiración.

–¿Crees en la inspiración?

–Yo sí creo en ese estado especial en el que uno hasta siente que recibe palabras, que te dictan frases que vienen volando y se quedan ahí, solas. Pero eso es la primera versión, luego viene el proceso de corregir. Es lento, paciente, pero a mí me da más felicidad que escribir la primera versión.

–¿Es el turno del poeta?

–Exacto. Es allí donde te das cuenta de que estás jugando con un material tan maleable como es el lenguaje, tú tienes que forzar, fijarlo. Allí está la mano del poeta, pero no debe eliminar los impulsos y las cargas afectivas que llegaron con la inspiración.

–Dada la sabiduría que fluye en tus poemas, ¿no temes escribir fábulas, moralejas?

–Nada con la fábula. Sabes, la fábula no tenía moraleja. Esopo nunca las puso. La moraleja la pusieron los curas en la Edad Media. A mí me interesan solo en el sentido que permiten ingresar a un universo mítico, a alcanzar la parábola.

–¿Dónde hallas la poesía: fuera o dentro de ti?

–En mi caso, está fuera y entra en relación conmigo, con mi sensibilidad, con mis lecturas, con mis pensamientos de solitario. Nunca he escrito un poema inventado. Soy un poeta naturalista y en esta medida cualquiera puede ver en el mundo tangible lo que yo veo, claro, si camina con una percepción más abierta.

–¿Tu generación tenía grandes utopías? ¿Estas han muerto para los jóvenes poetas?

–En mi generación éramos utópicos, creíamos en un cambio social del mundo. Queríamos la gloria, pero no para nosotros. Ahora veo que los jóvenes han vuelto a un individualismo furioso. Ellos no creen en las grandes utopías, sino buscan el nombre, subirse al pedestal, mientras más brille y más temprano suene, mejor. Ese vicio no debe aprenderse tan temprano. Buscar la fama los puede llevar a escribir cualquier cosa para alimentar ese vicio. Hay que ser más honesto con nuestro trabajo.

–Otro poema dice que lo único que huye de nuestro cuerpo es la sangre.

–Sí pues, me corté más o menos profundo haciendo manualidades. Salió un chorrito. Yo me puse a pensar qué extraño, lo único que sale de nuestro cuerpo es la sangre, y si sigue saliendo pues te mueres. Allí nació el poema, que la sangre puede salir al mundo pero ya sabe cómo comportarse en el mundo, porque así como cruza los ventrículos, sabrá cruzar puentes, remontar colinas. Pero también la asocié con la violencia no solo la que hemos tenido aquí, sino en el mundo, la invasión a Irak, las muertes que pasan en televisión. Muchos han muerto por la sangre que se va. El final del poema alude a eso: "la sangre de los asesinados va como un horizonte infame". Un horizonte que nos acusa a todos.

–Miras los objetos con la misma humanidad con que miras a tus semejantes.

–Sí pues, soy medio panteísta (risas). Los miro pensando igual cuando miro a una persona, a ver, qué dice pues, qué expresa. Claro, no estoy en ese plan todo el tiempo, pero de pronto se expresa, dicen algo. Yo siento que los poemas me son regalados, alguien me los regala, alguien me dice, allí está el poema. El gran trabajo es plasmarlo.


La sangre

Los médicos escuchan con el estetoscopio

el paso rumoroso de nuestra sangre, lo escuchan

como una revelación que nunca comparten, no dicen

con alegría: tu sangre no ha huido.

La sangre puede huir. Los órganos están fijos,

palpitando en su profunda oquedad, pero la sangre

puede salir de su límite, franquear la piel y saltaral mundo.

Si la sangre huye sabrá remontar colinas

así como se extiende abundante y silenciosa

por el hígado, sabrá fluir por los arcos de los puentes

así como avanza por las esclusas del corazón,

sabrá pasar bajo las raíces enmarañadas de los sauces

así como pasa entre la arboladura de los pulmones.

La sangre puede inundar todos los paisajes.

La sangre de los asesinados va delante de nosotros

y vibra

como un horizonte infame.


Tomado de: Banderas detrás de la niebla




Última noticia


Ésta es tu última noticia, cuerpo:

una radiografía de tus pulmones, brumas

inquietantes, manchas de musgo sobre la nieve sucia.

La tierra espera que algún día

todos los órganos, como los perros, la husmeen

buscando la yerba benéfica. Tus pulmones, entre hojas sedosas,

lucirán sanos y tersos como recién nacidos

y concertarán con un joven buey

el ritmo amplio de su respiración. Al fondo

habrá un cielo luminoso y ninguna sombra,

sobre todo ninguna sombra aciaga.


Tomado de: Banderas detrás de la niebla

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